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Tinta indeleble y tinta que fluye

Libro Rostro del Mar 60 poetas del Caribe colombiano

Por Nahum Villamil Garcés

Rostro del mar. 60 poetas del Caribe colombiano. Selección de Fabián Muñoz. Editorial Universidad de Cartagena & Ediciones La Rana, 2015.

Ediciones La Rana y la Editorial Universitaria de la Universidad de Cartagena publicaron Rostro del mar. 60 poetas del Caribe colombiano (2015), una antología realizada por el escritor y periodista mexicano Fabián Muñoz (1968) y prologada por el escritor samario José Luis Díaz-Granados.

Esta recopilación, si ocupamos la expresión del mexicano Juan Villoro, es un intento por darle coherencia retrospectiva al azar. Lo anterior implica que no se dispone de adjetivo más preciso que “azaroso”, para comprender la labor de urdir una antología poética. En este caso, el periodista nacido en Guanajuato establece como criterios de su selección los ámbitos vital y geográfico, a través de los cuales logra darle una forma armónica al proyecto. Con ámbito geográfico nos referimos –como indica el título del libro– al Caribe colombiano, y a la complejidad de una región marcada por los cruces humanos, oníricos y poéticos. Por su parte, con ámbito vital damos cuenta de un lindero evanescente trazado por Muñoz; a saber, poetas vivos al momento de confeccionar la antología.

El florilegio de la lírica colombiana que se nos ofrece aquí, es un itinerario rico y variado compuesto de cuatro lenguas, en el que convergen voces mayores de la poesía de Colombia y del Caribe, como Giovanni Quessep, Harold Alvarado Tenorio, Rómulo Bustos Aguirre, Lauren Mendinueta, Pedro Blas Julio y Miguel Ángel López (Vito Apüshana). Al mismo tiempo, en la selección de Muñoz, entran en escena producciones cuya diversidad enriquece, de forma tanto estilística como temática, el universo poético de la región: voces de la factura de Beatriz Vanegas y John Jairo Junieles; poesías urdidas en lenguas diferentes al español, como Alciano Williams Jessie, quien escribe en creole; Uriel Cassiani y Solmery Casseres, en palenquero; y poetas que comienzan a publicar a partir del nuevo milenio y cuya fuerza permite encontrar el sustrato de sus poéticas.

Esta confluencia, utilizando una expresión tan cara a los escritores, de tinta indeleble y tinta que fluye, es el elemento fundamental de una recopilación que no se concibe con afanes museológicos o de forjamiento de olimpos literarios, sino que apunta a plasmar un retrato vivo de la producción estética de un conglomerado humano, en una época específica. Sin embargo, esta ampliación del repertorio, en algunos casos, adolece de la inclusión de composiciones cuya factura dista de evidenciar una poesía de sugestiva riqueza, para detenerse en devaneos de rimas cacofónicas y presuntuosos juegos poco afortunados. En ese sentido, es válido recordar la sentencia de Georg Christoph Lichtenberg: “Un libro es como un espejo: si un mono se asoma a él no puede ver reflejado a un apóstol”, la cual advierte la riqueza del apostolado que realiza el antologista, al lograrse ver en el reflejo de algunos espejos astillados; esto permite valorar aún más el trabajo de Fabián Muñoz con una producción que no ha sido muy frecuentada en las labores críticas especializadas, y que aún está en mora de ser ahondada.

Así las cosas, Rostro del mar es una antología con la doble conciencia de un proyecto que apunta a divulgar creaciones estéticas que han sido invisibilizadas por los grandes poderes culturales y conventillos literarios, así como a inaugurar caminos y establecer derroteros para el abordaje de un acervo poético, con una riqueza y tradición propias, cuya fuerza es equiparable a la de grandes manifestaciones literarias occidentales, con las cuales ha tendido puentes de retroalimentación constante.

En suma, Fabián Muñoz, en su condición de foráneo o con la leyenda “De Guanajuato al mundo”, establece vínculos entre las diversas manifestaciones poéticas de América Latina; deja abierto caminos en un territorio que, al fin y al cabo, en palabras de Sergio Ramírez, “no podrá ser reducido a ninguna cartografía, ni siquiera a la cartografía literaria”. Estos afortunados caminos que traza Muñoz permiten leer, en unos versos de Giovanni Quessep, el mayor de ellos, a los sesenta poetas del Caribe colombiano que aquí nos presenta:

“Entre las ruinas pienso

 que nunca será polvo

 quien vio su vuelo

 o escuchó su canto.”