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Elegía a Ignacio Sánchez Mejías


     Ignacio Sánchez Mejías 
© CortesíaForzada


VERTE Y NO VERTE.

                                                                                           A Ignacio Sánchez Mejías


Por el mar Negro un barco
va a Rumanía,
Por caminos sin agua
va tu agonía.
Verte y no verte.
Yo, lejos navegando;
tú por la muerte.

Verónicas, faroles,,
velas y alas.
Yo en el mar, cuando el viento
los apagaba.
Yo, de viaje.
Tú, dándole a la muerte
tu último traje.

Mueve el aire en los barcos
que hay en Sevilla,
en lugar de banderas,
dos banderillas.
Llegando a Roma,
vi de banderillas
a las palomas.

Por pies con viento y alas,
por pies salía
de las tablas Ignacio
Sánchez Mejías,
¡Quién lo pensara
que por pies un torillo
lo entablerara!

En La Habana las sombras
de las palmeras
me abrieron abanicos
y revoleras.
Una mulata,
dos pitones en punta
bajo la bata.

La rumba mueve cuernos,
pases mortales,
ojos de vaca y ronda
de sementales.
Las habaneras,
sin saberlo, se mueven
por gaoneras.

Con Rodolfo Gaona,
Sánchez Mejías
se adornaba la muerte
de alegorías:
México, España,
su sangre por los ruedos
y una guadaña.

Los indios mexicanos
en El Toreo,
de los ¡olés! se tiran
al tiroteo.
¡Vivan las balas,
los toros por las buenas
y por las malas!

Ya sus manos, Gaona,
paradas, frías,
te da desde la muerte
Sánchez Mejías.
Dale, Gaona,
tus manos, y en sus manos,
una corona.

Una barca perdida
con un torero,
y un reloj que detiene
su minutero.
Vivas y mueras,
rotos bajo el estribo
de las barreras.

Noche de agosto arriba
va un ganadero,
sin riendas, sin estribos
y sin sombrero.
Decapitados,
toros negros, canelas
y colorados

—¿De dónde viene, diga,
de dónde viene,
que ni el agua del río
ya le sostiene?
—Voy navegando,
también muerto, a la isla
de San Fernando

Verte y no verte,
Yo, lejos navegando
tú, por la muerte.

Rafael Alberti